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Reforma de dos viviendas frente a una arboleda

Olvidadas hacía tiempo, sobre los muebles y esparcidas por los suelos, los facsímiles de un viejo doctor acumulaban polvo. La vivienda, en un edificio de los años 50 junto a un boulevard arbolado, estaba empapelada con láminas de fármacos en cuyo reverso se estampaban reproducciones de obras de arte, a veces con poemas y otras con prospectos. 

El proyecto queda condicionado desde el principio por el deseo de dividir la vivienda original en dos, haciéndose necesario el trazado de una línea para seccionar lo que había sido una casa de distribución rígida y anodina en la que se producen hallazgos de objetos recuperados (piezas cerámicas, baldosas, láminas), configuraciones espaciales que son preservadas (un corredor que conecta dos zonas de la casa, la estructura desnuda de hormigón, miradas hacia el jardín del boulevard) y la oportunidad de introducir luz y aire a través de un patio cegado y maltratado con los años. 

En una de las viviendas, el patio abre sus muros en contacto con la vivienda generando un recorrido de luz que se conecta a través de la zona de estar hasta el balcón que da a la arboleda, y se reviste de mármol blanco para reflejar la luz que cae sobre él, también extendiendo el manto pétreo sobre un nuevo banco para recostarse y mirar al cielo.

En ese trazo crítico de separación se produce una compresión y expansión del espacio que fluctúa a lo largo de su recorrido, generando cavidades en su interior y albergando las zonas servidoras de sendas viviendas (baños y cocinas), quedando ensambladas en una sola pieza que resuelve el límite. Este nuevo objeto o muro guarda en su interior los objetos expoliados del antiguo piso del doctor, y en sus paredes aparecen colgadas piezas cerámicas de baño, formas de color a partir de 140 baldosas preservadas (azul para una vivienda, amarillo para otra), vigas y pilares de hormigón. La forma intrincada del nuevo muro y la posibilidad de introducirte en él y comprobar en su trazado y dimensiones que se trata de un contacto con la vivienda vecina sugiere su naturaleza de intervención superpuesta, de partición que ha segregado dos lugares. 

Esta pieza limítrofe que articula el proyecto es como la albacea de un contacto, el primero o el último, un beso congelado en el tiempo, producido por el roce de dos lugares que se despiden y que permanecen superpuestos quizás para siempre. Son como los amantes de uno de los dibujos de Federico García Lorca que fue encontrado entre las láminas olvidadas y amarillentas del doctor que solía habitar en el interior de esos mismos muros.

Participaciones en arquia / próxima

VII Edición 2018-2019 [Seleccionada]