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Entre curva y corte, el espacio se articula en dos gestos: una curva que reúne y un corte que ordena; luz y materia sostienen un sistema abierto y adaptable

Entre curva y corte se construye un espacio de trabajo que no se limita a ordenar funciones, sino que ensaya una manera de habitar lo cotidiano. La sede se despliega en dos niveles longitudinales que comparten una misma huella y una misma lógica con distintas aproximaciones. Cada planta introduce un gesto preciso, casi primario, que organiza el espacio y le da sentido.

En la planta baja, una curva recoge. Un trazo continuo que abraza el corazón de la oficina, reúne miradas y concentra actividad. No impone límites, los sugiere. La curva articula un ámbito central que funciona como lugar de encuentro, un interior que quiere ser plaza, mientras a su alrededor se disponen espacios interiores de ese exterior, espacios menores en recorridos fluidos y relaciones transversales. Entre medias, el alzado de la plaza, una fachada con perforaciones puntuales regulan accesos y visuales, construyendo una arquitectura más basada en relaciones que en límites.

En la planta superior, el gesto se tensa. Un corte diagonal atraviesa el espacio y lo ordena desde la diferencia. Aquí, el trazo separa, delimita y define un interior dentro de él y un exterior fuera. Dentro, los espacios de concentración y trabajo individual. Fuera, un espacio sin programa capaz de absorber cambios, superponer usos y adaptarse a distintas intensidades de trabajo. El corte no fragmenta, sino que introduce una tensión productiva entre continuidad y barrera, entre proximidad y distancia. 

Curva y corte se materializan a través de muros de pavés: densos y translúcidos a la vez. Pedirle a la materia que confirme una idea previa, la geometría. Elementos que filtran la luz, insinúan presencias y permiten que el espacio se perciba como un todo continuo en su separación, y otros materiales reconocibles. Granito, alicatado negro, metales y una paleta contenida de rojos y azules no aparecen como signos, sino como condiciones. La identidad del lugar se construye desde la materia. Materiales que no se representan: operan. La materia deja de ser acabado para convertirse en estructura ambiental, en memoria activa que sostiene el espacio y lo vincula a una historia sin necesidad de nombrarla.

Entre la curva que acoge y el corte que ordena, el espacio encuentra su equilibrio. Un lugar de trabajo que no solo responde a una organización eficiente, sino que propone una experiencia compartida, atenta a la luz, al movimiento y a la materia como portadora de identidad.

 

Fotografías Maru Serrano

Documentación Gráfica

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