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<title>Iglesia parroquial de San Ignacio de Loyola</title>
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<namePart>Arévalo Camacho, Rafael</namePart>
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<abstract displayLabel="Abstract">El Polígono de San Pablo surge como respuesta a la necesidad de creación de vivienda social ante el crecimiento demográfico experimentado por las grandes ciudades a mediados del siglo XX. Surge en plena vigencia del urbanismo que conocemos como derivado de la Carta de Atenas, es decir, edificación intensiva en altura liberando superficie de suelo para espacios verdes al servicio de los residentes y grandes vías de comunicación. La tipología recurrente de bloques en H protagoniza la fisonomía del barrio, produciendo una ciudad que descansa su orden en la racionalidad del viario, lo que no siempre se consigue. La Avenida de la Soleá y sus prolongaciones: Doctor Laffón Soto y Pedro Romero, se convierten en las vías principales que ordenan y jerarquizan el trazado del Polígono. La Iglesia parroquial de San Ignacio de Loyola se sitúa en la avenida de Pedro Romero, que es prolongación de la avenida de la Soleá, uniéndose mediante este eje a las Iglesias de San Pablo, Nuestra Señora del Pilar y San Francisco Javier, y surge como dotación asistencial en un espacio abierto configurando un espacio cívico que personaliza y caracteriza al propio barrio. El proyecto conjuga en el programa la presencia del elemento principal, la Iglesia, que destaca por su forma y acusado volumen, con otros usos residenciales y administrativos que se desarrollan en planta baja. La Iglesia sitúa su altar en el vértice oriental del triángulo que forma en planta. Anexas a la nave, en el muro de la Epístola, se encuentran la sacristía, la capilla para el sagrario y el baptisterio. En el recodo que forma la sacristía con el muro de la Epístola se encuentra el acceso a las dependencias parroquiales, que cuentan con despachos y oficinas, sala de juntas, aseos, sala de espera, archivo general, salón de actos y vivienda para el párroco. Esta vivienda, situada en el extremo Este del conjunto, cuenta con sala de estar, comedor, cocina con despensa, tres dormitorios, despacho, dos baños y un aseo, tendedero y lavadero, y se organiza en torno a un patio. Separadas de las dependencias parroquiales a través de un patio lindero con la sacristía, se sitúan las dependencias para Cáritas en el extremo Oeste del conjunto, junto a un patio abierto a fachada. La nave de la iglesia, de planta triangular, es una valiente apuesta por la geometría del volumen, pues la planta da pie a un prisma triangular truncado en el que el vértice más agudo se eleva hacia el altar para rematarse con una sencilla cruz. Los dos planos que construyen los muros convergentes de la Epístola y el Evangelio se labran en fábrica de ladrillo visto. En ambos muros se marca la posición del presbiterio mediante dos vidrieras verticales, que discurren desde la rasante del altar hasta la coronación de la cubierta. El acceso a la iglesia se conforma como un volumen de una altura anexo a los pies de la nave. La entrada se realiza, por tanto, de forma tangencial, y sirve asimismo de inicio de un recorrido abierto que enlaza, a través de los patios anteriormente mencionados, las diferentes dependencias anexas. La cubierta de la iglesia se convierte en fachada aparente desde los espacios exteriores dada la escasa cota de partida y la pronunciada pendiente que mantiene uniforme hasta su coronación. Hacia el exterior, el volumen de la iglesia se muestra en fábrica de ladrillo visto. En el vértice del altar, los muros de la Epístola y el Evangelio hacen expresivo su encuentro manteniendo la traba con las piezas sin recortes. El interior de la iglesia queda marcado por cuidadoso control de la luz: junto a las mencionadas vidrieras verticales del altar, otras dos vidrieras en cubierta inundan de luz rasante los muros de la Epístola y el Evangelio en toda su longitud. La textura de éstos, también en ladrillo visto hacia el interior, queda reforzada por la traba de la fábrica, en la que regularmente sobresalen piezas que dibujan una disposición al tresbolillo, reforzando el efecto de perspectiva. La cara inferior de la cubierta se reviste con listones de madera, dispuestos longitudinalmente apuntando hacia el altar, con idéntico efecto. La torre-campanario de la iglesia se construye mediante tres esbeltas pantallas de hormigón armado de distinta altura, que hacen las veces de mástiles, que arrancan del patio abierto al Oeste que sirve a las dependencias de Cáritas. Estas pantallas se encuentran dispuestas en aspa, apuntando la más alta hacia el Oeste, mientras que las otras dos, más bajas y de idéntica altura, se disponen manteniendo el mismo ángulo que el vértice agudo de la planta de la iglesia. Las pantallas se encuentran enlazadas por unos perfiles metálicos dejando entre ellas una vertiginosa escalera vertical para mantenimiento. Sobre el vástago de mayor altura se adosa se adosa una gran cruz que mira hacia el Oeste dominando su entorno. Se trata, sin duda, de un proyecto de extraordinaria vigencia formal en el que la descomposición del programa permite una rotundidad volumétrica que monumentaliza al edificio, a la vez que implica una reflexión sobre el modelo que quiere redefinirse desde las pautas de la modernidad. La rotundidad de los volúmenes se manifiesta con más fuerza al estar situados en un amplio espacio abierto. La presencia de esta edificación configura este espacio cívico que ha resultado, con los años, una seña de identidad característica del barrio. Se trata de un caso sintomático de las nuevas vías que exploraba la modernidad ya en crisis, confiando más en el expresionismo que en el seguimiento de cánones estrictamente modernos. El buen aprovechamiento de las capacidades técnicas del hormigón crea piezas de una inigualable singularidad como la torre exenta que completa el conjunto parroquial. Los paramentos que formaban el prisma de la iglesia están ejecutados con una impecable fábrica de ladrillo visto que imprime carácter a la pieza, y se encuentra hoy pintado de blanco. En este sentido, el conjunto ha experimentado algunas transformaciones que debieran ser observadas por su trascendencia: especialmente por haberse cerrado con una puerta metálica negra el paso general a la nave de la iglesia. De igual manera, se han producido modificaciones en la volumetría del conjunto, en especial desde que la Hermandad de San Pablo, con sede en esta parroquia, ha sido integrada en la carrera oficial de la Semana Santa de Sevilla. Esto ha supuesto la construcción de un volumen anexo al muro de la Epístola de la Iglesia, en un estilo discordante con el carácter moderno del conjunto. Reconociéndose la necesidad de contar con un espacio de suficientes dimensiones para facilitar la salida y entrada de las procesiones de la Hermandad, es necesaria una reflexión acerca de la identificación identitaria entre el templo y el barrio, que hubiera de garantizarse a través de intervenciones comprometidas con la arquitectura original. Esta despreocupación acerca del carácter moderno del conjunto se hace extensiva a la obra plástica del artista Santiago del Campo, que ha resultado afectada por la aplicación de pintura en las labores cotidianas de mantenimiento. A esto hay que sumar el estado deficiente de conservación del edificio, en el que manifiestan patologías diversas que afectan especialmente a la estanqueidad de la cubierta y al deterioro de los paramentos de ladrillo, que requiere de urgente intervención.</abstract>
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<physicalAddress>Avda. Pedro Romero s/n SEVILLA | Sevilla, SEVILLA | ESPAÑA</physicalAddress>
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