Se trata de una intervención estratégica en un piso acomodado de la ciudad de Barcelona, entendida más como una operación de relectura tipológica que como una simple reforma material. El proyecto parte del análisis de una vivienda concebida según modelos domésticos hoy en revisión, donde la organización espacial incorporaba el servicio doméstico dentro de la propia casa y permitía que determinadas tareas de mantenimiento y cuidado se desarrollaran de forma segregada respecto a la vida cotidiana de los habitantes.
La vivienda preexistente presenta un esquema muy claro de separación entre zona de día y zona de noche. Las habitaciones se disponen a lo largo de un pasillo longitudinal retranqueado, conectado con la sala de estar y pensado fundamentalmente como espacio de distribución. En paralelo, la cocina, el lavadero y la antigua habitación de servicio se sitúan en una franja central, configurando un sistema de circulaciones secundarias independiente del recorrido principal. Esta doble estructura (representativa y servidora) ordena la casa con claridad, pero también con rigidez, estableciendo jerarquías espaciales y de uso muy marcadas.
El proyecto propone revertir parcialmente este planteamiento tradicional mediante la reivindicación contemporánea del papel de las actividades domésticas, entendidas no como procesos ocultos sino como parte activa de la vida diaria. Aprovechando la voluntad de los propietarios de no disponer de servicio interno, se plantea activar un espacio actualmente infrautilizado (el cuarto de plancha) y convertirlo en una nueva centralidad doméstica, capaz de articular relaciones y recorridos.
La operación principal consiste en el derribo parcial del tabique que separa este ámbito de la circulación, introduciendo permeabilidad visual y lumínica. Con un gesto preciso se interrumpe la condición lineal y residual del pasillo, que pasa a formar parte de un sistema de recorrido circular que conecta las dos circulaciones previamente segregadas. La luz natural penetra en profundidad y el espacio de distribución adquiere espesor, uso y carácter.
Se plantea una nueva carpintería practicable que optimiza el espacio disponible y dialoga con los elementos de almacenaje e instalaciones existentes, integrándolos en un sistema continuo y ordenado. La intervención evita gestos innecesarios y concentra su esfuerzo en puntos estratégicos, maximizando el impacto espacial con recursos acotados.
De este modo, mediante una transformación mínima pero conceptualmente precisa, se invierte el funcionamiento de una tipología rígida asociada a un paradigma social hoy en crisis. El ámbito históricamente relegado al centro de la vivienda adquiere vocación de núcleo activo, generando nuevas formas de uso y apropiación que se extienden a los espacios adyacentes y redefinen la lógica doméstica del conjunto.