Casa Gracia se configura a partir de una distribución “doppelgänger”, que da lugar a dos apartamentos casi simétricos cuyas perspectivas, deliberadamente equivalentes, producen una lectura espacial ambigua y reiterativa. Esta operación geométrica genera una secuencia de habitaciones hexagonales que se presentan indiferentes tanto al programa como a la orientación, desplazando la lógica funcional tradicional hacia una experiencia perceptiva más abierta. Las aberturas, dispuestas de manera simétrica y equidistante, articulan conexiones transversales entre los distintos usos según su posición en planta, favoreciendo continuidades visuales y recorridos alternativos que diluyen jerarquías domésticas convencionales.
Casa Gracia representa un paso más en la exploración sobre plantas aparentemente ineficientes y consolida el objetivo de evidenciar el potencial de las estructuras espaciales para cuestionar y expandir los límites del habitar normativo. El proyecto se concibe como un sistema espacial esencialmente indiferente al lugar específico en el que se implanta, prolongando estrategias desarrolladas en intervenciones anteriores. En esta ocasión, la investigación se intensifica mediante la incorporación de un sistema secundario de antesalas interconectadas que operan de forma ambivalente: en ocasiones como distribuidores, en otras como espacios de almacenamiento o transición. Estos ámbitos intermedios emergen del interés por composiciones espaciales dobles y remiten a una constelación de referencias arquitectónicas heterogéneas, desde la densidad atmosférica de los interiores de Adolf Loos hasta la riqueza material y geométrica de la Casa Vicens de Antoni Gaudí, así como la sofisticación tipológica presente en las puertas dobles de Luigi Caccia Dominioni. El sistema, conceptualmente genérico pero físicamente preciso, niega cualquier dependencia estricta del perímetro, del programa o de la orientación, afirmando una autonomía espacial que privilegia relaciones internas y gradaciones perceptivas.
En términos materiales, la propuesta se articula a partir de una paleta deliberadamente reducida. Un plano de suelo continuo, ejecutado mediante mosaico, incorpora el código cromático distintivo de cada vivienda, funcionando simultáneamente como soporte unificador y dispositivo de identidad. La cuadrícula espacial se enfatiza mediante la inserción de muebles ligeros, autónomos y desplazables, que concentran electrodomésticos y almacenamiento sin fijar usos de manera permanente. Sus colores brillantes e intensos irrumpen como acentos vibrantes frente a la sobriedad tonal del interior, estableciendo un contraste que activa la percepción y subraya la condición mutable del espacio. La disposición estratégica de superficies espejadas multiplica las visuales, disuelve límites físicos y amplifica la sensación de expansión, reforzando la idea de un sistema espacial que parece exceder su contenedor material. En conjunto, Casa Gracia plantea una domesticidad no jerárquica, abierta y reinterpretativa, donde geometría, programa y materia se integran en una experiencia arquitectónica dinámica y deliberadamente ambigua.