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Becas y convocatorias
Una rampa, un patio, una nueva forma de entender el territorio: cuando el espacio deja de delimitar y empieza a liberar.
El juego no surge del objeto, sino del espacio que lo posibilita. Los niños no necesitan instrucciones materiales, sino escenarios abiertos que estimulen su imaginación. Desde esta premisa se aborda la intervención en el patio del Colegio El Carmelo: una operación que, bajo la apariencia de una mejora funcional —la accesibilidad entre dos niveles—, propone una reflexión sobre una nueva forma de entender el territorio; no como realidad geográfica fija, sino como campo de acción en continuo cambio, donde los modos de relación entre cuerpo, espacio y entorno se redefinen constantemente.
El patio original era un territorio cerrado en el sentido más profundo del término. Un muro de piedra establecía la separación entre sus dos cotas y una escalera la única conexión posible, configurando un espacio jerárquico donde los límites físicos dictaban con precisión los modos de habitar. Los juegos tradicionales acotaban la acción infantil, reduciendo el lugar a un escenario predeterminado. El territorio del patio coincidía exactamente con su geometría: no había espacio para la ambigüedad, para lo no previsto, para la apropiación espontánea. Sus recursos —espaciales, relacionales, imaginativos— permanecían sin activar, encerrados en una forma que no invitaba a ser transformada.
La nueva propuesta parte de una convicción opuesta: que el campo de acción puede ser ilimitado incluso dentro de un medio físico acotado, siempre que la arquitectura sepa crear las condiciones para ello. La rampa curva que articula la intervención no responde únicamente a un criterio de accesibilidad; es, ante todo, el generador de una nueva territorialidad. Su traza ondulante transforma la topografía en un campo activo donde los límites entre suelo, mobiliario y recorrido se vuelven difusos, inciertos, negociables. El territorio del patio deja de estar definido por sus bordes construidos para empezar a definirse por sus flujos, sus usos, sus apropiaciones sucesivas. La incertidumbre —ese estado que el territorio contemporáneo transmite de forma permanente— se convierte aquí en una cualidad proyectual, no en un problema a resolver.
Esta transformación entiende que los límites verdaderamente determinantes no son siempre los físicos. Son los culturales: los que separan el juego dirigido del juego libre, la obediencia formal de la exploración autónoma. Son los relacionales: los que conectan o desconectan a los niños entre sí, con el espacio, con su propio cuerpo en movimiento. Como decía Aldo van Eyck, el juego no es una acción sin propósito, sino la forma más seria de explorar la realidad. El proyecto asume esa indeterminación como táctica proyectual: la ambigüedad, la escala intermedia y la ausencia de mobiliario preconcebido se incorporan como estrategias que confían en la capacidad del niño de otorgar sentido y funcionalidad al entorno. Los factores culturales y pedagógicos se vuelven aquí tan determinantes —o más— que la geometría construida.
Desde esta perspectiva, la propuesta se distancia del modelo tradicional del patio como vacío técnico o área de control y plantea una infraestructura relacional que se activa con el uso, que se transforma con cada apropiación, que no se agota en una sola lectura. Un territorio vivo cuya identidad no reside en su forma sino en las relaciones que propicia; un espacio que supera su condición física para adentrarse en dimensiones culturales, sociales y pedagógicas que lo hacen verdaderamente complejo. La arquitectura actúa así no como un marco estático, sino como catalizador de modos de relación y, por consiguiente, de transformación del entorno que se habita.
El resultado es un paisaje de indeterminaciones, una pedagogía espacial que reformula el acto de jugar como forma de conocimiento y de construcción colectiva del entorno. El patio se convierte en un territorio de descubrimiento —acotado en metros cuadrados, ilimitado en posibilidades— donde la arquitectura, en su sentido más pleno, vuelve a conectar con su dimensión ética: crear condiciones para que el habitar —incluso el infantil— sea, ante todo, una forma de imaginar.
Reforma
Colegio El Carmelo | Amorebieta | ESPAÑA
Fecha Inicio: Junio 2025
Fecha Terminación: Setiembre 2025
Superficie construída: 200
Coste/m2: 300,00 €
Promotor:
Colegio El Carmelo
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