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  • Irene González Fernández

    Concurso 2018
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    Concurso 2018

A veces, siento que soy una coleccionista de recuerdos. Una especie de adicta a atesorar memorias. Continuamente observo a mi alrededor, buscando cualquier instante que pueda ser grabado en mi memoria. Quizás el aleteo de un pájaro en mi jardín, un pétalo de cerezo que se cae al suelo en Seúl, la luz que se filtra a través de las hojas de los robles del valle de Tena, las gotas de lluvia repiqueteando en el techo de mi caravana, la canción que sonaba en el coche mientras recorríamos la isla de Skye o las oraciones de los monjes en el templo budista de Beomeosa. Cualquier anomalía o perturbación en mi rutina es captada y almacenada. Cerrar los ojos, imaginarlo en mi cerebro. Clic. Encender la cámara, pulsar el botón. Clic.

Machina memoriae está ubicado en la plantación de cerezos de mi familia en Jaraíz de la Vera (Cáceres). Mientras que el cabanon de Le Corbusier era una máquina para vivir, mi cabanon es una máquina para recordar. Un dispositivo arquitectónico cuya misión es impedir el olvido. Es una estructura viva, que crece cada año para poder almacenar mis recuerdos en orden cronológico y a través de dos categorías: la memoria tangible y la memoria intangible.

Irene González Fernández

Estudiante
Grado en Fundamentos de la Arq. - URJC
GUADALAJARA | ESPANHA