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Afirma Le Corbusier en su libro Urbanisme (París, 1925) que Adolf Loos le dijo en una ocasión que “un hombre culto no mira por la ventana; su ventana es un vidrio esmerilado, está ahí solo para dejar pasar la luz, no para dejar pasar la mirada”. Y, consecuente hasta el final, el arquitecto austríaco llegó de hecho a organizar los espacios interiores en sus obras de tipología residencial -e incluso la disposición del mobiliario fijo- de tal manera que no fuese posible acceder a las ventanas.
Las ventanas, balcones, terrazas, galerías… esos espacios de transición entre el espacio privado y el colectivo, entre lo íntimo y lo público, se han convertido sin embargo en estos días de confinamiento en nuestras viviendas en el único contacto no virtual, tanto visual como incluso físico, con el mundo exterior.
En esta ocasión os proponemos, a través de una selección de películas de ficción, cortometrajes y documentales, volver a disfrutar de la personal mirada de algunos realizadores que han utilizado estos elementos arquitectónicos como recurso simbólico, metafórico y, en definitiva, cinematográfico.
REAR WINDOW
La ventana indiscreta
Alfred Hitchcock, 1954
Dirigida por Alfred Hitchcock, uno de los realizadores que más ha explorado la relación entre el cine y la arquitectura, y basada en el relato It Had to Be Murder (Cornell Woolrich, 1942). La escena inicial, con la aparición de los títulos de crédito sobre unos estores que se van abriendo para mostrar un patio de manzana, establece ya el punto de vista desde el interior del apartamento del protagonista, el fotógrafo interpretado por James Steward, encuadre que se mantendrá a lo largo de la práctica totalidad de la película.
Todo parece transcurrir con normalidad en el complejo residencial salvo por el encierro forzoso de Steward a causa de su pierna rota… hasta que el tedio y la frustración le hacen empezar a observar con atención el comportamiento de sus vecinos.
A lo largo de su filmografía, Ettore Scola ha representado en infinidad de ocasiones una personal visión, irónica y punzante, de la ciudad de Roma, de su urbanismo y su arquitectura. En esta película localiza la trama en un gran edificio residencial construido durante la época fascista en el Viale XXII Aprile, conocido como Palazzo Federici y obra de Mario de Renzi, arquitecto que realizará durante los años 30 varios proyectos en colaboración con Adalberto Libera.
La trama se desarrolla, como el propio título indica, en un solo día, el 6 de mayo de 1938, mientras Hitler visita la capital italiana, cuya población se vuelca en el recibimiento. Solo tres personas permanecen en el edificio vacío: la portera, un ama de casa, Antonietta (Sophia Loren) y un locutor de radio, Gabriele (Marcello Mastroianni). Y un pájaro que vuela de una ventana a otra, provocando el contacto entre los dos últimos.