arrow-circle-down arrow-circle-left arrow-circle-up arrow-down arrow-left arrow-line-right arrow-right arrow-up ballon close facebook filter glass lock menu phone play point q question search target twitter
X
  • Juan Merino Yuste

    Concurso 2026
 Beca 2026   Modalidad: Concurso | Destino: Fundación RIA

Desde sus inicios, la obra de Federico García Lorca estuvo marcada por la inocencia de la infancia del poeta, el cual creció en los campos de la Vega de Granada, donde su familia poseía varias propiedades.

En esta ocasión nos encontramos en el Cortijo Daimuz, adquirido por don Federico García Rodríguez en 1895 y próximo a Fuente Vaqueros, pueblo natal del escritor, y a Valderrubio, lugar donde se trasladaría la familia García Lorca y tendría lugar el argumento de algunas obras más importantes como La casa de Bernarda Alba. El poeta pasaría buena parte de su infancia en aquella casa del territorio de la Vega, la cual sería testigo de sus primeras inquietudes artísticas:

 “Amo a la tierra. Me siento ligado a ella en todas mis emociones. Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de tierra. Los bichos de la tierra, los animales, las gentes campesinas, tienen sugestiones que llegan a muy pocos. Yo las capto ahora con el mismo espíritu de mis años infantiles. De lo contrario, no hubiera podido escribir Bodas de sangre. Este amor a la tierra me hizo conocer la primera manifestación artística.”

El conjunto llegaría a su estado actual décadas más tarde, con la adición del secadero de tabaco, perteneciente a una tipología de construcción agroindustrial que, en la actualidad, se reivindica como parte patrimonial del paisaje de la Vega de Granada.

Al recorrer estas tierras, reconocemos los elementos de la obra lorquiana siendo atravesados por la historia del campo granaíno. Podemos observar los paisajes agrarios habitados por gentes sencillas, y oler y sentir la tierra que Federico observaba con fijación al ser abierta en canal por los novedosos arados Bravant tirados por las bestias en la faena del campo. También podemos escuchar el silbido de los bosques de chopos siendo movidos por el viento, o el del agua recorriendo las acequias y el río Genil, y observar cómo la Luna y las estrellas sobre las que cantaba el poeta surcan el cielo de lado a lado cada noche.

Juan Merino Yuste

Estudiante
E.T.S. A - Madrid - UPM
SEGOVIA | ESPAÑA