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Becas y convocatorias
Granada puede leerse como una ciudad construida por capas superpuestas. Entre ríos y montañas, el territorio conserva las huellas de los distintos tiempos que se han ido depositando unos sobre otros, formando una topografía de tiempos superpuestos. El plano parte de esa Granada reconocible: la de sus accidentes naturales y la de las sucesivas épocas que han ido configurando su forma urbana.
Pero al mirar con más atención aparece una condición menos evidente. Granada no está construida solo de historia, sino también de ficción. Algunas de sus arquitecturas más influyentes tienen su origen en episodios de falsificación que, lejos de quedar como simples anécdotas, terminaron teniendo consecuencias reales en la ciudad. Es el caso de los Libros Plúmbeos y de la Torre Turpiana, hallazgos que sirvieron como “excusa” para la construcción de la Abadía del Sacromonte y la Catedral. En ambos casos, una mentira se convierte en generadora de ciudad. La ficción sirve para mejorar y construir una nueva realidad.
El plano propone así una lectura en la que las capas de Granada no responden únicamente a acontecimientos históricos verificables, sino también a ficciones que acabaron produciendo realidad. Dentro de esta lógica aparece un caso revelador: las falsificaciones romanas del presbítero Juan de Flores en el Albaicín. A diferencia de los ejemplos anteriores, este fraude histórico nunca llegó a traducirse en una transformación arquitectónica.
En esa ausencia aparece una posibilidad, en la parte alta del Albaicín, un ámbito que hoy se encuentra “congelado” en el tiempo principalmente por el peso de su propio patrimonio.
Se estudia y dibuja la ficción del presbítero sobre las calles actuales del Albaicín (plano inferior derecha).
¿Podría esta ciudad doble, real y soñada, construir un barrio mejor?
¿Se puede construir un fraude histórico para salvar un barrio?
¿Qué legitima la arquitectura: su autenticidad o su capacidad de mejorar la vida de las personas?
Arquitecto
E.T.S. A - Madrid - UPM
MADRID | ESPAÑA