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Becas y convocatorias
Ontinyent, ciudad asentada a los pies de la Sierra de Mariola en la comarca de la Vall d’Albaida, se lee como un palimpsesto donde el tiempo ha solapado la huella humana y los ciclos naturales.
A partir del siglo XVIII, el impulso de la industrialización convirtió a la ciudad en un centro referente de la producción textil lanera. Con el tiempo, el crecimiento urbanístico ha provocado la desaparición de gran parte de los antiguos recintos fabriles.
De aquel tejido productivo hoy fragmentado, persiste la verticalidad de las chimeneas como el rastro de una antropización que evoca la memoria fabril. Estos elementos se han consolidado como hitos estratégicos en el paisaje actual, vestigios que permiten leer la estratigrafía de la ciudad. Su presencia actúa como un ancla visual que vincula el pasado industrial con la persistencia del medio natural.
Este vínculo con el entorno se materializa en el Pou Clar, el paraje fluvial más emblemático de la ciudad y lugar de nacimiento del río Clariano. Este enclave suministró agua potable a la población hasta la década de los 60 y, todavía hoy, garantiza el riego de parte de la huerta de Ontinyent.
Frente a la verticalidad de las chimeneas, el río se manifiesta a través de una horizontalidad orgánica y preexistente. El agua del Pou Clar y el cauce del Clariano permanecen como una constante física que ha dictado la lógica del lugar desde siempre, una superficie que no necesita alzarse para ser el eje vertebrador de todo el territorio.
Esta dualidad entre la tensión de la cerámica y la calma del agua remite a la reflexión de Silvia Plath en su poema Soy vertical. Para la poeta, la verticalidad era un accidente, mientras que la horizontalidad era la verdadera naturaleza de las cosas. El proyecto sintetiza esa jerarquía: la chimenea como un hito temporal frente al río como la infraestructura natural e inalterable que sostiene la memoria de Ontinyent.
Estudiante
E.T.S. A - València - UPV
ALICANTE | ESPAÑA