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Una grada para el Secadero, construida con materiales recuperados de la demolición anexa y procesos de desmantelamiento próximos.

Una grada para el Secadero, construida con materiales recuperados de la demolición anexa y procesos de desmantelamiento próximos.

En 2020 visitamos Las Cigarreras con motivo de un concurso para rehabilitar parte del complejo. En muchas de las fotos que tomamos aparecían vigas de madera: algunas aún sostenían cubiertas a una o dos aguas; otras estaban ya desmontadas y apiladas en el suelo. Tres años después, cuando comenzó la obra, casi todas las vigas terminaron en el contenedor. La propuesta ganadora, más preocupada por recuperar una volumetría ideal que por mantener lo existente, no encontró encaje para esa madera fuera del estándar.

Cuando vimos salir las vigas, empezamos a organizarnos. Conseguimos rescatar unas pocas —algunas directamente del contenedor, otras con ayuda de personal de la obra—. Si las vigas las trajimos en carrito, a por las butacas tuvimos que ir en furgoneta. Al mismo tiempo que rescatábamos las vigas apareció otra oportunidad: las butacas de un antiguo cine de Tous buscaban una segunda vida. Entre la madera descartada, los asientos recuperados y unos perfiles y abrazaderas metálicas que ya teníamos en el taller, comenzó a tomar forma la idea de una grada para el Secadero.

Durante semanas, el Secadero se convirtió en taller de carpintería. Las vigas eran tan duras que quemamos dos taladros y alquilamos hasta tres sierras de corte. Alternamos máquina y herramienta manual: compramos nuestros primeros formones y, con un hacha, retiramos las capas más superficiales de carcoma. El proceso fue exigente y lento, pero también una forma de aprendizaje compartido: entender la materia, aceptar sus límites y trabajar con ellos en lugar de imponerles una forma previa.

La grada no nació de un dibujo abstracto, sino del encuentro entre los materiales realmente disponibles. Las dimensiones de las vigas, el estado de las butacas, la lógica desmontable de los perfiles metálicos y el propio espacio del Secadero fueron ajustando la solución. Más que un diseño acabado, fue un ensamblaje atento: probar, desmontar, corregir y volver a montar.

Antes de ser grada, todo eran piezas sueltas. Elementos considerados “residuos” que, al ponerse en relación, adquirieron una nueva coherencia. El proyecto cuestiona una inercia habitual en la arquitectura contemporánea: la fascinación por lo nuevo y la dificultad para incorporar mantenimiento, reparación y reutilización como dinámicas de proyecto. Frente a la demolición casi automática, este gesto es pequeño pero insistente: rescatar, adaptar y prolongar la vida útil de lo existente.

La grada del Secadero es quizás algo más que un conjunto de asientos. Es el resultado de trabajar con lo que teníamos a mano, de organizarnos y aprender durante el proceso. Una estructura hecha desde la reutilización, que hoy sirve para que otras actividades puedan suceder allí.

  • Información
  • Autoría

    Clasificación / Tipología

    Proyectos temporales
    Intalaciones

    Ubicación

    Calle Sant Carles, 78
    03013 | ALACANT/ALICANTE
    ALICANTE | ESPAÑA

    Otra información

    Fecha Inicio: Mayo 2024
    Fecha Terminación: Julio 2024
    Superficie construída: 8
    Coste/m2: 300

    Agentes

    Colaboradores: Beatriz López Herráiz
    Javier Gutiérrez Hernández
    Fe

La grada

Dibujos

Participaciones en arquia / próxima

VIII Edición 2020-2021