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La memoria del vino y la arquitectura se encuentran para construir un nuevo tiempo en un casal mallorquín.

Ubicado a los pies de la Serra de Tramuntana, en Binissalem, el proyecto aborda la reforma de un casal mallorquín de los siglos XVIII–XIX desde una actitud de escucha y continuidad.

El diálogo con el entorno y con las preexistencias estructura toda la intervención. Más que contraponer lo nuevo y lo antiguo, se ha buscado desdibujar ese límite mediante un trabajo preciso con materiales y oficios locales. La piedra de Binissalem, las baldosas hidráulicas de Huguet, la ebanistería y la marmolería ejecutadas in situ no son solo decisiones materiales, sino una manera de prolongar la memoria constructiva del lugar, incorporando las condiciones contemporáneas de confort e iluminación con naturalidad.

En un pueblo marcado por la tradición vinícola, el proyecto se concibe como un proceso de elaboración del vino: vendimia, despalillado, prensado y fermentación. Un tiempo pausado de análisis y decantación, durante el cual el estudio histórico de la casa y su contexto permitió identificar tres mundos que conviven y se superponen.

SU MUNDO — La planta baja se abre al pueblo. El pavimento interior y exterior se prolonga sin ruptura, generando una continuidad que invita a la relación y diluye el umbral. Las miradas cruzadas y la permeabilidad espacial refuerzan el vínculo con la calle y la vida cotidiana.

VUESTRO MUNDO — En la planta intermedia, a la que se accede por una escalera de vuelta protegida patrimonialmente, una nueva entrada de luz cenital transforma la percepción del espacio. Aquí la casa muestra su carácter más refinado: madera, piedra y baldosa hidráulica dialogan en encuentros cuidadosamente resueltos, donde la materia y la luz enfatizan la arquitectura existente sin imponerse a ella.

NUESTRO MUNDO — La última planta se presenta desnuda y esencial. La estructura de madera de la cubierta y las pequeñas perforaciones de luz asumen el protagonismo. El espacio se libera de elementos superfluos para alcanzar una atmósfera de calma contenida, casi introspectiva.

La articulación de estos tres mundos construye una casa donde pasado y presente no se enfrentan, sino que se reconocen. Una intervención que entiende el respeto por lo existente como punto de partida para proyectar, desde hoy, una nueva continuidad.

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