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Becas y convocatorias
Quería permanecer allí, quieto, con las manos en los bolsillos, y que el tiempo transcurriese rápido, en silencio. Había algo al final de aquella extraña sala que llamaba su atención. No sabía por qué pero su cuerpo le pedía andar, sus piernas no dejaban de avanzar traspasando los pequeños haces de luz que aquel espacio dejaba pasar a través de sus muros. La oscuridad era su aliada, la luz le recordaba a su hogar, y ahora mismo no quería regresar, quería seguir avanzando.
La sensación de compresión iba disminuyendo a medida que avanzaba. Su mente no acaba de entender aquel misterioso lugar, quería escapar y a la vez quedarse, quería enfrentarse y a la vez huir. Algo en su interior le pedía que siguiera, la sala cada vez se hacía más apacible, sus ojos conseguían acostumbrase a la penumbra, la soledad ya no le asustaba, el silencio era un agradable compañero y el frio se volvía refrescante.
Y por fin llego al final. Nunca se había enfrentado a sus temores, y el miedo a lo desconocido, le aterraba. Se dio la vuelta, dispuesto a volver al trabajo, no podia enfrentarse a ese vacio. Pero se dio cuenta de que los miedos están para superarse, se acercó al borde de ese agujero y se sentó. Dispuesto a enfrentarse a lo que nunca puedo hacer, y fue en ese momento, sentado al borde de ese agujero oscuro y aterrador, cuando escucho el silencio. Ese silencio que descubres cuando te has liberado de tus miedos, pensamientos y emociones. Donde las masas se pierden en la masa, pero renace el individuo que huye de la ciudad, a un nuevo refugio en medio de la nada. El silencio es un espacio vital. Ante tanta información-comunicación, el silencio es el paraíso.
Arquitecto
E.T.S. A - València - UPV
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