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Laura Ronquillo Muñoz

Estudiante
E.T.S.A - Vallès - UPC
BARCELONA | ESPAÑA

Ciclo cerrado de trabajo:

Primero, aprender, observar, analizar, estudiar

Segundo, pensar, comprender, proyectar, decidir

Tercero, comprobar, contrastar, criticar, corregir

De nuevo: aprender, observar, analizar, estudiar

...

La idea de que siempre podemos aprender algo nuevo ha movido mi curiosidad desde siempre.

De la historia a la química, de la literatura a la física y de la pintura a las matemáticas. El arte y la ciencia son interesantes y conmovedores para mí, por igual. Entonces, ¿Cómo decidir qué estudiar en un momento en el que hay que decantarse hacia una dirección o la otra?

La solución vino dada de forma natural. La Arquitectura es la ciencia hecha arte, y el arte trabajado científicamente. Si añadimos a la ecuación la finalidad de la Arquitectura –crear espacios y entornos para las personas obtenemos el mejor camino para no dejar de aprender durante toda la vida.

Desde mi punto de vista, las decisiones que vamos tomando, marcan el camino a través del cual maduraremos. El estudio y el ejercicio profesional de la Arquitectura me permiten desarrollarme como persona y aprender de otras disciplinas y de mi entorno para aplicar todo aquello que sé en un trabajo útil para los demás.

 

De este modo, considero que el Arquitecto debe ser un profesional técnico capaz de mezclar conocimientos y aptitudes a veces aparentemente contrapuestas: racionalidad-improvisación, conocimiento-imaginación, concreción-abstracción, normativa-gustos, etc.

La capacidad de combinar estas dicotomías en la medida justa es la mayor cualidad de un Arquitecto.

 

En cuanto a las decisiones personales sobre cómo debe ser una buena arquitectura, creo firmemente en unos principios básicos.

El principal es que la Arquitectura que diseñamos es por y para las personas. En muy pocas ocasiones diseñaremos espacios para disfrute únicamente propio. En el resto de los casos, diseñamos para otras personas, casi siempre un colectivo –a veces conocido y concreto, y otras no– que tiene una cultura, una tradición, una sociedad y unas costumbres determinadas. No olvidar las necesidades, los anhelos y las medidas de las personas para las que estamos diseñando es fundamental. Centrar nuestros esfuerzos en hacerles la vida sencilla y cómoda en entornos seguros, agradables y asequibles garantizará una Arquitectura útil y adecuada a sus usuarios.

 

Siguiendo esta base, creo en el uso de la argumentación para tomar decisiones racionales y razonables frente a las decisiones tomadas al azar o fruto de un impulso; en que no siempre la Arquitectura más llamativa es la mejor, y que en la mayoría de casos la sencillez y la claridad de un proyecto lo mejoran y que nuestra arquitectura –tanto edificación como urbanismo– deben entender y respetar su entrono, aprovechando los recursos que nos ofrece y evitando a toda costa perjudicarlo.

 

Estos principios se traducen en realidad mediante la claridad estructural, la adecuación del sistema constructivo y la calidad de los materiales, el cumplimiento de las normativas –sin renunciar a la continua crítica y corrección de las mismas–, el control eficiente de las instalaciones, el aprovechamiento pasivo del entorno y la agregación controlada a las tendencias o corrientes del momento.

Sobre este último punto, me gustaría defender la vertiente estética de la Arquitectura y por lo tanto su inevitable inclusión en el mundo del Arte, cambiante según el periodo histórico.

Aun así, hay que discernir entre la “moda” y la “corriente histórica”, siendo la primera de corta duración y aparición por motivos poco técnicos; y la segunda de más larga duración y de aparición como consecuencia de un período histórico en el que influyen desde la pintura, la música, la política, la filosofía o la literatura hasta el pensamiento de la sociedad y los avances científico-tecnológicos. Por tanto, la Arquitectura contemporánea debe mantener su faceta estética evitando decisiones que acorten su durabilidad, sin la pretensión de hacer edificaciones que duren eternamente –de nuevo una oposición–.

Finalmente tenemos que mentalizarnos de que la Arquitectura actual debe adaptarse al mundo en el que vivimos, en el sentido de que debe poder adaptarse, ser flexible, ser de-construible con el mínimo de residuos, etc. Conceptos que suelen ser abstractos y en muchos casos difíciles de convertir en una solución tangible, pero que mediante la investigación de materiales y sistemas constructivos y la eficiencia en el proceso de edificación, irán siendo cada día más corrientes.

Y por supuesto, superar de una vez por todas, viejos problemas como la existencia de barreras arquitectónicas tanto en edificios como en ciudades y los diseños que trituren nuestro entorno.