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Reforma de una vivienda de apenas 60 m2
El proyecto queda condicionado desde el principio por la falta de espacio, apenas 60 m2, sus habitantes, una pareja, vivían en un piso diminuto, pero encantador, una antigua vivienda situada en la tercera planta de un bloque construido durante los años 70 en una famosa barriada obrera de la ciudad de Sevilla. Durante el día, abrían las ventanas y, durante largos minutos, perfectamente felices, se asomaban sobre grandes naranjos y flores en macetas entre los que discurría una calle de adoquines irregulares. El apartamento era viejo, no ruinoso aún, pero vetusto. Era uno de esos lugares de Sevilla donde, ciertos días de primavera, subía un olor, casi intenso, a bosque de naranjos, una especie de embriaguez, renovada cada día.
Al igual que Sylvie y Jerome en Las cosas, nunca se cansaron de aquellos encantos y siempre permanecieron tan espontáneamente sensibles a ellos como en los primeros días, pero resultó evidente, tras unos meses de confinamiento, que tales placeres cotidianos no bastarían para hacerles olvidar los defectos de su vivienda. Acostumbradas a vivir en habitaciones insalubres donde lo único que hacían era dormir, y pasarse los días en cafés, necesitaron tiempo para percatarse de que las funciones más triviales de la vida cotidiana –dormir, comer, leer, charlar, lavarse- precisaban cada una un espacio específico, cuya ausencia notoria comenzó desde entonces a dejarse sentir.
Con una superficie total de 60 metros cuadrados, su piso constaba de un recibidor minúsculo, una cocina exigua, la mitad de la cual había sido transformada en baño, un dormitorio de dimensiones modestas, una habitación para todo –biblioteca, sala de estar o de trabajo, cuarto de invitados- un espacio mal definido. La falta de espacio resultaba tiránica ciertos días. Se asfixiaban. Deseaban andar, vagar, elegir, apreciar. Les habría gustado vivir. Soñando como soñaban con espacio, luz, silencio, creyeron comprender, un día, que les hacía falta un refugio.
La estrategia consiste en limpiar las trazas de las paredes, desaparecen los tabiques, dejando libre dos amplias estancias en un área continua para reducir el número de recintos originales al mínimo, tan sólo dos naves paralelas en torno al muro central de carga, concebida como una habitación total en la que se inserta una infraestructura lineal que organiza toda la casa.
Una especie de artefacto que asume el espesor – con la idea de densificar luz y aire a través de los distintos huecos orientados en posiciones diferentes- este elemento actúa de forma complementaria convirtiéndose en mueble y muro, armario y puerta de paso, hueco y macizo, todo al mismo tiempo. Porciones de metal y madera hacen de cobijo, para acabar por convertirse en la infraestructura que asume la versatilidad y define un espacio específico para cada actividad de la vida cotidiana, desde la inmensidad de los deseos de quienes lo habitan, para acabar por devenir el objeto en espacio mediante elementos de mínima materialidad, pero máxima capacidad transformadora.
En efecto tiene algo de caja mágica: tapas y puertas que se abren o descorren, muebles que surgen de muebles, superficies que se deslizan… Una especie de exaltación del espesor que se abre – seguros de encontrar tras él lo familiar– y responde a la convicción de que la arquitectura es capaz de configurar una infraestructura variable, adaptable según las necesidades en cada punto de la casa convirtiéndose en galería en el pasillo, armario en el dormitorio, espacio de almacenaje y encimera en la cocina, librería y puerta al mismo tiempo en el salón o espacio versátil y mesa en el dormitorio. Atendiendo a ambas caras del mueble, con un espesor completo, permite ofrecer una alternativa de recursos con funciones diferentes, cerrados o abiertos, con baldas o vacíos, transparentes u opacos, armarios o estantes.
La infraestructura es fabricada a partir de chapas de acero y aluminio que se pliegan para el almacenaje de nuevos recuerdos y la actividad de los quehaceres diarios, incorporando elementos de madera contrachapada de sicomoro fabricados desde la reutilización de los retales sobrantes del taller General de Metalistería local de Sevilla y asociadas a cada mueble, desde el control y la toma de decisiones de toda su fabricación permitiendo una nueva configuración espacial y la oportunidad de introducir salud y aire. Luz, madera y metal armonizan la intervención en las diferentes salas sobre un pavimento continuo de microcemento y paramentos blancos –reconoce la luz de la calle de naranjos desde un gran hueco que se torna central-.
El proyecto intenta explicar la capacidad de los pequeños lugares o incluso de los objetos para ser recipientes de la totalidad de toda una experiencia de vivir.
Reforma
Calle Santo Domingo Savio, 2
41008 Sevilla | Sevilla
SEVILLA | ESPAÑA
Fecha Inicio: Noviembre 2020
Fecha Terminación: Febrero 2021
Superficie construída: 60