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Acero y bloque de hormigón.

Partiendo de un volumen simple y de un sistema estructural convencional, el proyecto asume su aparente neutralidad como punto de partida para construir un territorio propio. No un territorio entendido como extensión física ilimitada, sino como un campo de relaciones donde materia, medida y uso establecen un orden preciso. La arquitectura se concibe aquí como una delimitación consciente: un acto de definir bordes, espesores y transiciones que hacen habitable un espacio.

Lejos de recurrir a gestos formales autónomos, la intervención enfatiza la tectónica de cada material, entendiendo que es en la construcción donde se funda el carácter del lugar. Cada encuentro ha sido modulado con rigor para evidenciar cómo se apoyan, se ensamblan y se tensan los distintos elementos. Al eliminar remates innecesarios y reducir piezas accesorias, el edificio refuerza su condición esencial: un sistema claro, donde cada componente ocupa un lugar exacto dentro de un orden mayor. Esta precisión no solo facilita la puesta en obra, sino que consolida una identidad territorial basada en la coherencia.

La utilización de bloques de hormigón armados, dispuestos en diferentes posiciones, permite resolver simultáneamente ventilación, iluminación y control visual. El bloque deja de ser únicamente unidad constructiva para convertirse en unidad territorial: módulo que delimita, filtra y regula. Su repetición genera un paisaje material donde la fachada ya no es un límite opaco, sino un umbral poroso que media entre interior y exterior. Así, el edificio no se aísla de su entorno, sino que negocia con él, construyendo una frontera activa.

La modulación general se articula a partir de las dimensiones del propio bloque. La estructura portante, las puertas correderas de acero galvanizado y las particiones interiores responden a esa misma métrica, generando una coordinación dimensional que atraviesa todo el proyecto. Esta disciplina constructiva consolida un territorio interior donde proporciones, ritmos y vacíos se relacionan bajo una lógica común.

En este sentido, el territorio no es solo el solar que ocupa el edificio, sino el sistema de reglas que organiza su materia y su espacio. Un territorio construido desde la medida, la repetición y la claridad, donde cada decisión refuerza la pertenencia de las partes al conjunto.

  • Información
  • Autoría

    Clasificación / Tipología

    Edificación
    Paisaje

    Ubicación

    Aulesti
    VIZCAYA | ESPAÑA

    Otra información

    Fecha Inicio: Enero 2018
    Fecha Terminación: Mayo 2018
    Superficie construída: 160
    Coste/m2: 437,5

  • Premios y distinciones
  • Proyecto destacado por el jurado en la mención especial obtenida por ELE Arkitektura en la edición de los premios Peña Ganchegui a la joven arquitectura vasca en 2019

FOTOS DE LA INTERVENCIÓN

PLANOS DE LA INTERVENCIÓN

Participaciones en arquia / próxima

VIII Edición 2020-2021