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Becas y convocatorias
Le Corbusier en Ahmedabad
Los atributos del sitio como arquitectura presentida
El encuentro entre la arquitectura como acción humana constructora de paisaje sobre la Tierra y la geografía regida por leyes naturales fue concebido por Le Corbusier como una composición donde enfrentaba los atributos visuales de ambas para intensificar el valor plástico de su oposición, una dualidad que ajustaba mediante recursos arquitectónicos en función de la percepción de ese vínculo. El sitio como realidad concreta a transformar para dar lugar a la arquitectura era un estímulo a su imaginación que desencadenaba la actuación arquitectónica, revelando a su afinada mirada la memoria de una síntesis perceptiva de los sentidos que intervienen en la experiencia espacial.
Con frecuencia el arquitecto suizo se pronunció sobre la relación entre el espacio arquitectónico que ordenaba y lo que le rodeaba, considerándolo parte de lo que estructuraba al emplazar su arquitectura. Los límites entre esos ámbitos de diferente escala —el de adentro a la medida del hombre y el de afuera a la medida del paisaje— fueron objeto de constantes variaciones en su obra, en función de las solicitaciones que ese vínculo requería en situaciones precisas, hasta concretarlos como instrumentos para transformar los valores del medio circundante en atributos sensibles del espacio interior, mediante la disposición de esos confines en cuya realización plástica reveló las presencias sensibles —aun las no visibles— del lugar.
Indagamos sobre las relaciones visibles entre la presencia física y sensible del sitio siempre variable y dos modelos imaginados por Le Corbusier para organizar el espacio doméstico de la casa. Reconocimos que se rigen por algunos principios divergentes, como la opuesta posición relativa del núcleo de la vida colectiva de la casa en relación con el suelo terrestre, las diferencias en la disposición de la intervención arquitectónica entre lo que era visible hacia sus cuatro horizontes, así como en la disposición de los límites entre el orden espacial confinado en el interior del volumen construido y lo que había en torno a él. La paulatina relación de cada modelo con sus contactos alrededor repercutió en la concepción de la envolvente del volumen como instrumento de transformación de los valores del medio: hacia abajo con lo terrestre, hacia arriba con el ámbito cósmico y hacia los lados con los horizontes —la escena propia de las actividades humanas—.
Dos obras construidas en la ciudad india de Ahmedabad al despuntar la década del cincuenta del pasado siglo —la casa para Manorama Sarabhai y el palacio para la Asociación de Hilanderos— son buenos ejemplos de las relaciones que estableció el arquitecto franco-suizo entre situaciones singulares y sus propias reservas arquitectónicas: los dos sistemas de principios con los cuales había ordenado el espacio doméstico en su obra previa, situando en ambos de distinto modo al hombre en relación con el mundo. En esta casa y en este palacio concretó soluciones que evidencian las presencias sensibles del sitio tanto visibles como no visibles, cuya percepción ordenó y moduló mediante procedimientos del oficio pacientemente afinados en proyectos anteriores no edificados.
Son una casa y un palacio que están inscritos en el tiempo inmemorial de la tradición, en el legado de la disciplina que jugó un papel activo en la obra del maestro suizo al constituir un caudal de referentes paradigmáticos, comprensivo de los recursos que puso en práctica y de otros incorporados por la experiencia que sin haber operado aún en su obra, es lícito pensar que se encontraban en estado latente en su imaginación como arquitectura presentida. La extensa producción de Le Corbusier con la cual se aproximó a una gran variedad de problemas propios del oficio —y que cabe calificar de abarcadora— adquiere en este trabajo un sentido análogo al que él atribuía a las obras del pasado: como construcciones ejemplares del ejercicio del oficio, como maestras.
Abstract
The meeting of architecture as a human action that constructs the landscape of the Earth with geography, governed by natural laws, was conceived by Le Corbusier as a composition in which he confronted the visual attributes of both in order to enhance the plastic value inherent to their opposition. This was managed by architectural instruments based on the perception of that link. The site, the tangible reality transformed to make way for architecture, revealed him the memory of a perceptual synthesis of the senses, involved in the experience of space; a stimulus to his Imagination that triggered the architectural action. He posed his principles on the relationship between the architectural space he arranged and its surroundings, which he considered a part of what was structured with the architectural siting. The boundaries between these fields at different scale— the inside, to the measure of man and the outside, to the measure of the landscape, both set to the rhythm of natural cycles— were subject to constant variations in his work based on requirements of that link in specific situations, until they were turned into mechanisms that modulate the values present in the immediate environment. With those mechanisms, he transformed the enveloping values into sensitive inner space attributes by means of architectural layout and, in its plastic realization, he unveiled the sensitive — even though invisible— presences of the site. We inquire about the relationships Le Corbusier built between the physical and sensitive — always-mutating— presence of the site, with two models conceived by him to manage the domestic space starting from some of his principles such as the fixation of the relative position of the house’s core for collective life in relation to the ground floor. Also, the placement of the architectural intervention among what was visible towards its Four horizons and those ruled by the boundaries mentioned above, which he set to link the spatial order that confined the built body’s interior with its surroundings. By relating each model with its surroundings, these boundaries had a repercussion in their conception as instruments for establishing relationships with the environment: downward with the ground, upward with a cosmic level and to each side with the horizon — the very scene of human activities— . Two of Le Corbusier’s works in the city of Ahmedabad at the dawn of the 1950’s — the residence for Manorama Sarabhai and the Mill Owner’s Association Building— are good examples of the relationships he established between the particular conditions of the site and their own body of knowledge and tradition: the two principle systems with which he had arranged the domestic space in his previous work, locating men in a diverse way in relation to the world. In both projects he came up with solutions in which the sensitive, visible and invisible, presences of the site became evident. He managed and modulated their perception with the instruments of the craft, patiently tuned in previous unbuilt projects. These two projects are part of immemorial tradition, of the discipline’s legacy that played an active role in the work of the Swiss master by building the flow of his paradigmatic references. Naturally, this includes the instruments implemented, but also those incorporated as experience that, even without having operated in his body of work, we dare to think they were dormant in his mind as a pre-felt architecture. Le Corbusier’s extensive production with which he promoted a great variety of issues related to the profession — and that could be described as wide— acquires to our interest an analog sense to that which he attributed to the works of the past: as exemplary constructions of the practice of architecture…, as masterpieces.
Arquitecto
E.T.S. A - Barcelona - UPC
COLOMBIA