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Becas y convocatorias
Un portal con dos tramos de escaleras, uno exterior y otro interior espera.
Un cometido pequeño, con una solución aparentemente impuesta, que confía en la introducción de una nueva máquina como respuesta automática al conjunto de sus problemas, tiende a conducir el encargo hacia lo anecdótico y lo banal. La reducción de la intervención a un mero ajuste técnico corre el riesgo de vaciar de sentido el proyecto, relegando la arquitectura a un papel secundario, casi decorativo, incapaz de producir significado o transformar la experiencia cotidiana del espacio.
Frente a esta inercia, y desde una defensa clara de la arquitectura como disciplina capaz de construir relatos —historias que generan lugares de y para lo común—, la propuesta pretende avanzar un poco más allá y proponer algo distinto. No se trata de negar la necesidad funcional que origina el encargo, sino de aprovecharla como oportunidad para activar una reflexión más amplia. Para ello, el proyecto explora en la profundidad de lo epidérmico, identificando potenciales operaciones metafóricas que, desde una acción dialéctico-espacial, doten al conjunto de herramientas para la diferenciación y la construcción de identidad.
La intervención se posiciona así frente a la neutralidad cromática y al miedo a la identificación con nuestros entornos y condiciones. Frente a los grises, se propone un refuerzo consciente de la condición de clase y de barrio, entendiendo el espacio común como un lugar donde reconocerse. El color y el ornato dejan de ser considerados aderezos superfluos para reivindicarse como herramientas estéticas y políticas, capaces de superar lo estándar y lo globalizado, y de definir marcos habitables que fomenten el desarrollo de lo subjetivo. Desde esta perspectiva, la arquitectura se convierte en un soporte desde el que explorar nuevas micro-realidades capaces de erosionar lo establecido.
De este modo, el proyecto despliega una paleta de texturas y colores que abrazan la preexistencia y la envuelven en busca de una nueva atmósfera de optimismo. El terrazo verde, salpicado de mármol blanco, traza un lienzo de transición desde el interior hacia la calle, marcando un umbral reconocible y continuo. Este plano horizontal establece una base sobre la que se organizan los distintos elementos del acceso, generando una lectura clara y ordenada del conjunto.
Los muebles contenedores de madera de iroko recogen tanto la plataforma elevadora como el espacio diafragma de entrada, integrando la infraestructura necesaria dentro de una lógica espacial unitaria. Estas piezas construyen el espacio mediante un juego preciso de alturas y espesores, articulando recorridos y zonas de estancia. La luz, introducida en el espacio profundo a través de un sencillo sistema de reflejos y espejos, actúa como elemento cohesionador, amplificando la percepción del lugar y reforzando su carácter acogedor.
La intervención se completa con una serie de elementos performables que, lacados en amarillo, se destacan sobre una paleta más neutra. Pasamanos, buzones, puertas, tiradores y un nuevo banco —concebido como lugar para compartir un rato— reclaman ser tocados, usados y activados por los propios usuarios. Estos elementos introducen una capa de interacción directa, reforzando la dimensión cotidiana y colectiva del espacio.
El resultado es un pequeño proyecto construido a partir de ideas de apariencia ordinaria que, navegando deliberadamente sobre lo superficial, no solo alude a acciones centrales de nuestro día a día, sino que intenta ofrecer soportes reales desde los que arañar lo hegemónico y escapar de lo estándar. Una intervención contenida que reivindica la capacidad de la arquitectura para operar desde lo mínimo y producir, aun así, sentido y pertenencia.
MIGUEL ZABALLA LLANO
Autor. Dirección de ObraCRISTINA ACHA ODRIOZOLA
Autora Dirección de obra
Reforma
Bilbao
BISCAIA | ESPANYA
Fecha Inicio: Diciembre 2016
Fecha Terminación: Febrero 2021
Superficie construída: 70
Coste/m2: 1025
Fotografía:
Luis Díaz Díaz