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Becas y convocatorias
AILARAK es la transformación del antiguo Ekomuseo de Artea en el nuevo Museo de la Música Folk Vasca, un proyecto que incorpora además una escuela de música para el valle de Arratia. La intervención surge tras ganar un concurso de ideas cuyo enunciado, deliberadamente ambiguo, proponía poner en valor la música tradicional vasca a través de un museo al aire libre. Más que responder a un programa cerrado, el proyecto asumió desde el inicio la complejidad del lugar como principal materia de trabajo.
El antiguo Ekomuseo era el resultado de una construcción personal y acumulativa, casi obsesiva, que mezclaba arquitectura, escenografía y relato histórico. En la parcela convivían ferrerías, molinos, herramientas de labranza, escenas costumbristas y construcciones que evocaban el baserri tradicional, aunque en realidad estaban ejecutadas en hormigón armado en los años noventa. Todo ello formaba un conjunto heterogéneo, en gran parte ficticio, pero profundamente cargado de intención narrativa. Frente a la tentación de ordenar o depurar ese collage, el proyecto decide asumirlo como punto de partida.
A esta condición se sumaba un paisaje de gran potencia: una parcela extensa, densamente arbolada, con vegetación madura y claros naturales. La propuesta entiende que la intervención debía construirse desde esa superposición entre relato, artificio y naturaleza. Así, el museo no se plantea como un edificio único, sino como un conjunto pintoresco de piezas arquitectónicas, recorridos y espacios intermedios que configuran un parque-museo.
El programa se organiza en varias actuaciones complementarias. Por un lado, se rehabilitan las construcciones existentes: el caserío que alberga la sala de exposiciones principal y el restaurante; una edificación anexa transformada en auditorio; y una nueva escuela de música que aprovecha la estructura de las antiguas “cuevas prehistóricas” del museo. Por otro, se incorporan dos pequeños pabellones auxiliares y una gran cubierta que articula y protege la exposición exterior, todo ello acompañado de un trabajo intenso de paisajismo.
La gran cubierta se convierte en el elemento central del proyecto. Su geometría es el resultado de un estudio minucioso del arbolado existente: una mancha construida que actúa como negativo de la vegetación. Se resuelve mediante una estructura ligera de madera apoyada sobre pequeños enanos de cimentación para minimizar el impacto sobre el terreno. El sistema invierte los órdenes estructurales habituales: las vigas principales se disponen en la parte superior, mientras que elementos que trabajan a tracción cuelgan por debajo. La cubierta se protege exteriormente con chapa metálica en las zonas más expuestas y, hacia el interior, se reviste parcialmente con falsos techos de madera reciclada y carbonizada.
Bajo esta gran sombra aparecen de manera gradual el mobiliario, los jardines, piezas de la colección y los pabellones necesarios para el funcionamiento del museo. El pabellón de acogida se configura mediante la repetición de un mismo pórtico de madera aserrada, rasgado por dos muros cortina y un lucernario central. Su cubierta, que es también fachada, se reviste con piezas cerámicas artesanales colocadas sobre rastreles, capaces de adaptarse a una geometría compleja. La torre de comunicaciones, construida con un entramado de madera laminada, emplea el mismo sistema cerámico, mostrando en su interior el modo de fijación de las piezas.
Durante la obra, el incendio de la cubierta del caserío obligó a replantear una parte fundamental del proyecto. Se decidió conservar la estructura de roble carbonizada, reforzándola, y completar la nueva cubierta mediante paneles de CLT que permitieron abrir grandes lucernarios, mejorando notablemente las condiciones espaciales de la sala de exposiciones.
La escuela de música cierra el conjunto. Apoyada sobre las antiguas estructuras del museo, se concibe como una arquitectura ligera, casi suspendida entre los árboles. Las aulas, acústicamente independientes, se organizan en anillo alrededor de un espacio común flexible. Es el lugar donde el museo deja de ser solo exposición para convertirse en práctica: donde la música no se muestra, sino que sucede.
AILARAK no se presenta como un museo convencional, sino como un paisaje habitado, construido a partir de capas, fragmentos y relatos. Una arquitectura que no busca fijar una imagen definitiva, sino ofrecer un marco donde la cultura popular pueda seguir transformándose en el tiempo.
Rehabilitació
Parcela n348 polígono 7 48240 Artea Bizkaia | Artea | ESPANYA
Fecha Inicio: Abril 2023
Fecha Terminación: Setiembre 2024
Superficie construída: 4460
Coste/m2: 421
Colaboradores:
Cristina Novoa Museografia
Estructuras:
Mecanismo
Fotografía:
Luis Diaz Diaz
Promotor:
Arteako Udala
Proyecto finalista Premios COAVN 2025 Modalidad Rehabilitación y Restauración
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