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Becas y convocatorias
El hombre del tiempo habita un reloj de arena. Sólo la lluvia le permite ver su realidad. Su propio reflejo constituye el único espacio y su cuerpo la única certeza. La presencia de la ausencia es inevitable, sólo el tiempo llenará el vacío y convertirá su cuerpo en lugar.
Habitar un reloj implica tomar consciencia del presente como vínculo entre pasado y futuro; cada estrato queda marcado por la deriva de las propias huellas que dibujan mapas en la penumbra. Trazos y ecos de lo cotidiano quedarán sepultados bajo horas y minutos, que sólo aquí pueden entenderse como materia, sonido o temperatura. La propia existencia queda acotada por su paso, siendo la arena del suelo la que acerca al propio final.
A aquel lugar donde nace el tiempo.
Arquitecto
E.T.S. A - València - UPV
VALENCIA | SPAIN
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