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Las mudanzas de la función

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Título: Las mudanzas de la función
Subtítulo: Desplazamientos de objetos y cuerpos en el espacio arquitectónico desde la modernidad
Autor: Julio César Moreno Moreno
Director da tese: Atxu Amann Alcocer
Centro de lectura: Grado en Fundamentos de la Arq. - URJC
Data da publicación: 24/11/2023
Tipo de documento: text
Resumo en inglés:

Certain common objects exert an invisible yet beneficial influence on people —an effect that extends into the spaces associated with them: their aura. Some early avant-garde artists sensed this phenomenon and harnessed it, pioneering artistic practices that remain relevant today. Many belonged to the most radical avant-garde movements, particularly Dadaism and Surrealism, in which they integrated their social and political commitments. They illuminated these practices as political tools to improve the lives of the people in the societies to which they belonged. These tools were later revived by the second avant-garde and continued to evolve throughout the 20th century. Their collective legacy remains relevant today and extends into the field of architecture.

This aura of common objects and spaces builds upon an expanded interpretation of Walter Benjamin’s concept of aura, originally used to describe artistic objects before the historical avant-garde. It is primarily found in pre-industrial objects and refers to a set of qualities that make them unique, deriving from their origins, artisanal craftsmanship, durability, ritual use, or deep-rooted connection to places and communities—qualities akin to Benjamin’s auratic artistic object.

Similarly, originating in the Industrial Revolution, there has been a widespread suspicion of the material world, cantered on an equally invisible yet potentially harmful influence—one that primarily affects the commodity object. It lacks qualities analogous to those of the auratic art object, as well as those of the art that was the fruit of mechanical reproduction, which Benjamin described as opposed to the former, but nonetheless legitimised through political activism.

Those avant-garde artistic practices that either engage solely with commodity objects or reject the production of artistic objects altogether—focusing instead on the bodies of their creators—can be understood as attempts to re-auratise objects or spaces of the industrial-capitalist system. These operations are translated from the artistic realm to the architectural sphere as a special type of displacement of functions or uses of space, carried out through the spatial movement of objects and bodies, with a political purpose. The study of this phenomenon is the central contribution of this research.

Clear examples of such spatial practices can be found from the 1930s onward, along with others that had foreshadowed them since the dawn of modernity, revisiting architectural functions deemed degraded by their participants. In every case, the result was an overflow of these functions beyond their traditional spatial containers, leading either to their revitalisation or the recovery of a lost authenticity.

This is the case of avant-garde theatre from the 1930s onward, of Catholic liturgy, which is produced in a certain synchronicity with that type of theatre, of the post-World War II playgrounds, of the workplaces, and of the domestic space, first described by 20th-century utopias and then dystopically realised in contemporary fluid societies.

At first, these functions shifted from spatial containers, later becoming increasingly diffuse, and dispersing throughout the space-time of contemporary times. Today, political practices that involve spatial displacements permeate contemporary liquid societies, developing quietly and often unnoticed, as a means of managing an alienation that has become ambiental and diffuse.

Resumo en castelán:

Algunos objetos de uso común ejercen un influjo beneficioso e invisible para las personas que se puede traducir a los espacios asociados a ellos: es su aura. Hubo artistas de la primera vanguardia que lo intuyeron y lo manejaron llegando a crear nuevas prácticas artísticas que siguen aún vigentes. Pertenecían a las vanguardias más radicales, principalmente al dadaísmo y surrealismo, en las que integraban sus compromisos sociales y políticos. Alumbraron esas prácticas como herramientas políticas que mejoraran las vidas de la población de las sociedades a las que pertenecían. Esas herramientas fueron retomadas en la segunda vanguardia y se desarrollaron durante lo que quedaba de siglo. Su conjunto constituye un legado que sigue aún vigente y que entra en el campo de la arquitectura.

Esa aura de los objetos y espacios de uso común designa un concepto ampliado del término aura acuñado por Walter Benjamin para definir el objeto artístico anterior a las vanguardias históricas. Se encuentra sobre todo en los objetos preindustriales, y designa un conjunto de cualidades que los hacen únicos y que provienen de su origen, de su manufactura artesana, de su duración a través del tiempo, de su uso en el ritual o de su vínculo y arraigo con lugares y grupos humanos, análogas a las del objeto artístico aurático benjaminiano.

Del mismo modo, existe la sospecha, extendida por el mundo material que se originó con la revolución industrial, de un influjo igual de invisible pero potencialmente perjudicial, que recae principalmente sobre el objeto-mercancía. En él no se encuentran ni cualidades análogas a las del objeto artístico con aura, ni a las de la obra de arte que era fruto de la reproducción mecánica, que describía también Benjamin como contrapuesta a la primera, pero igualmente legitimada por un activismo en la política.

Esas prácticas artísticas de las vanguardias que, o bien se realizan solo con objetos-mercancía, o bien renuncian a producir objeto artístico alguno y trabajan con el cuerpo de sus artífices, pueden ser leídas como reauratizaciones de objetos-mercancía o de espacios del sistema industrial-capitalista. Dichas operaciones se traducen del ámbito artístico al arquitectónico como un tipo especial de desplazamiento de funciones o usos del espacio, que se lleva a cabo mediante el traslado espacial de objetos y cuerpos y tiene una finalidad política. El estudio de ese fenómeno es la aportación central de esta investigación.

Hay claros ejemplos de esas prácticas espaciales desde los años 30 del pasado siglo, —además de otros que lo anunciaban desde el inicio de la modernidad—, en los que se repite una situación previa de funciones arquitectónicas que se consideraban degradadas por sus participantes. En todos ellos se llegaba a un desenlace que implicaba necesariamente un desbordamiento de dichas funciones desde sus contenedores espaciales tradicionales, con el que se lograba su revitalización o la recuperación de una autenticidad perdida.

Es el caso del teatro de vanguardia a partir de los años treinta del pasado siglo, el de la liturgia católica, que se produce en cierta sincronicidad con esa rama del teatro, el de los plagrounds de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, el de los centros de trabajo y el del espacio doméstico, primero descrito por las utopías del siglo XX y después realizado de forma distópica en las sociedades líquidas actuales.

En un primer momento, esas funciones cambiaron de contenedores espaciales para después volverse difusas, dispersándose por el espacio-tiempo de la contemporaneidad. De manera que, en la actualidad, las prácticas políticas que implican desplazamientos espaciales se han difundido entre las sociedades líquidas contemporáneas que las desarrollan cotidianamente, de forma silenciosa y a menudo desapercibida, para gestionar una alienación que se ha vuelto ambiental y difusa.

Abstract en portugués:

Alguns objetos de uso comum exercem uma influência benéfica e invisível sobre as pessoas, que pode se estender aos espaços a eles associados: essa é a sua aura. Houve artistas da primeira vanguarda que intuíram e manipularam esse conceito, criando novas práticas artísticas que ainda permanecem vigentes. Eles pertenciam às vanguardas mais radicais, principalmente ao dadaísmo e ao surrealismo, movimentos nos quais integravam seus compromissos sociais e políticos. Desenvolveram essas práticas como ferramentas políticas para melhorar a vida das populações das sociedades às quais pertenciam. Essas ferramentas foram retomadas pela segunda vanguarda e se desenvolveram ao longo do restante do século. O conjunto dessas práticas constitui um legado que permanece atual e que adentra o campo da arquitetura.

A aura atribuída aos objetos e espaços de uso comum remete a um conceito ampliado do termo "aura", criado por Walter Benjamin para definir o objeto artístico anterior às vanguardas históricas. Ela se encontra, sobretudo, nos objetos pré-industriais e refere-se a um conjunto de qualidades que os tornam únicos, provenientes de sua origem, de sua manufatura artesanal, de sua permanência ao longo do tempo, de seu uso em rituais ou de seu vínculo e enraizamento com lugares e grupos humanos, sendo análogas às do objeto artístico aurático benjaminiano.

Do mesmo modo, disseminou-se no mundo material originado com a Revolução Industrial a suspeita de uma influência igualmente invisível, porém potencialmente prejudicial, que recai principalmente sobre o objeto-mercadoria. Tal objeto não apresenta nem as qualidades análogas às do objeto artístico dotado de aura, nem as da obra de arte fruto da reprodução mecânica, que Benjamin também descrevia como contraposta à primeira, mas igualmente legitimada por um ativismo político.

Essas práticas artísticas das vanguardas que, ou se realizam exclusivamente com objetos-mercadoria, ou renunciam a produzir qualquer objeto artístico e trabalham com o corpo de seus criadores, podem ser interpretadas como reauratizações de objetos-mercadoria ou de espaços do sistema industrial-capitalista. Tais operações se traduzem do âmbito artístico para o arquitetônico como um tipo especial de deslocamento de funções ou usos do espaço, realizado mediante o deslocamento espacial de objetos e corpos, e que possui uma finalidade política. O estudo desse fenômeno constitui a contribuição central desta pesquisa.

Há exemplos claros dessas práticas espaciais desde a década de 1930, além de outros que já as anunciavam desde o início da modernidade, nos quais se repete uma situação prévia de funções arquitetônicas que eram consideradas degradadas por seus participantes. Em todos esses exemplos, chegava-se a um desfecho que envolvia necessariamente um transbordamento dessas funções para além de seus contêineres espaciais tradicionais, alcançando-se, assim, sua revitalização ou a recuperação de uma autenticidade perdida.

É o caso do teatro de vanguarda a partir dos anos 30, da liturgia católica, que ocorre em certa sincronicidade com essa vertente do teatro, dos playgrounds do pós-guerra da Segunda Guerra Mundial, dos centros de trabalho e do espaço doméstico, primeiro descrito pelas utopias do século XX e depois realizado de forma distópica nas sociedades líquidas atuais.

Em um primeiro momento, essas funções mudaram de contêineres espaciais para, depois, tornarem-se difusas, dispersando-se pelo espaço-tempo da contemporaneidade. De modo que, na atualidade, as práticas políticas que envolvem os deslocamentos espaciais se difundiram pelas sociedades líquidas contemporâneas, sendo desenvolvidas cotidianamente, de forma silenciosa e, muitas vezes, despercebida, para lidar com uma alienação que se tornou ambiental e difusa.

Tipo de contido CD: Tesis